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22/05/2010

200 25/05

Dos siglos, 200 años, 2400 meses, 73.000 días de libertad, de guerras, revoluciones, contradicciones, traiciones, aciertos y, en cada uno de estos hechos, un objetivo común: la construcción de nuestra identidad.

Se dice que el momento encontró su destino en una plaza de Buenos Aires, que llovía (o no) y que la multitud clamaba por saber qué es lo que se venía tejiendo detrás de varias reuniones ocultas. Ese día, los alborotadores de French y Berutti no repartían cintas celestes y blancas (de hecho, eran rojas); estaban distribuyendo el tejido originario que entrelazarán el futuro de millones de argentinos.

La situación en Europa había dejado débil a la corona española y, como consecuencia, a sus colonias americanas en el Río de la Plata. La ocupación francesa de España por Napoleón, la captura del Rey Carlos IV y su hijo Fernando VII, y la caída de la Junta Central de Sevilla decidieron a los criollos a actuar. Juan José Castelli había sido comisionado para intimar al virrey Cisneros a que cesara en su cargo. Fue el encargado de defender la posición patriota en las sesiones del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. El 25 de mayo se declaró al Cabildo como órgano representante de la voluntad popular y depositario de la soberanía y se conforma la Primera Junta de Gobierno. Así comenzó el sueño independentista argentino.

A veces las fiestas cívicas nos quedan en el recuerdo como un ritual escolar, llenos de clichés y marchas estridentes. ¿Esto debería ser así? No podemos sentir ese episodio tan lejano como parece. El tiempo no nos cambió. ¿Acaso no hay algo más argentino que la búsqueda de la verdad y la justicia? Lo hemos demostrado a lo largo de la historia: el 17 de octubre de 1945, en el Cordobazo, las reuniones de las madres de Plaza de Mayo, durante el corralito y hasta en el cacerolazo de diciembre de 2001.

Añoramos por reestablecer esa conexión con aquel coraje Sanmartiniano y la humildad de Belgrano.

Los anhelamos con una absolución casi poética y, sin embargo, los tenemos. Trabajar todos los días, no bajar los brazos, estudiar y creer que la realidad puede cambiar es el espíritu revolucionario que nos legaron estos próceres y demás personajes de nuestra cronología. Componemos un ensamble cultural y de personalidad único: llevamos en nuestros genes la avaricia de Julio A. Roca, el egocentrismo de Rosas, la tenacidad de Sarmiento, la pasión de Evita... Somos todos ellos y muchos más.

Por esto y más, este 25 no es un día más en el calendario de efemérides. Mayo es lucha, símbolo, honor, valor, patria y también aquellos hombres y mujeres que escribieron sus nombres anónimamente en la historia. La libertad que hoy profesamos y la democracia en que vivimos tiene su origen en esa revolución y en cada corazón celeste y blanco hay una voz que resuena y que nos dice:

"Hace más ruido un solo hombre gritando que cien mil que estén callados". José de San Martín.


Adaptación y corrección del texto de María Cecilia Ruíz, para newsletter de SBS, mayo del 2010.

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